Hijos adolescentes. Y madres que preguntan mucho.






Alguien ingenuo podría pensar que una madre se siente feliz con el bienestar de sus hijos adolescentes, que disfruta al saber que se divierten, o que le gusta saber el nombre de sus amigos porque así, en la próxima conversación, sabrá de quienes se está hablando. Podría pensar que esa madre está haciendo lo que debe, que el interés no es una amenaza y que está cumpliendo con su papel. Pobre insensato.


Los hijos adolescentes están, en cambio, muy entrenados para lidiar con seres semejantes. Saben que deben tener mil ojos y precauciones, porque cualquier comentario o dato extra proporcionado a una de esas mujeres sibilinas podría ser utilizado masivamente en su contra. ¿Qué otra razón podría haber si no para esa capacidad sobrehumana que tienen para hacer preguntas? Ellas nunca pierden una oportunidad. Cualquier excusa y momento es válido para recabar información. Saben sacar los temas adecuados en las cenas, en los trayectos en coche, incluso en el whatsapp. Transforman cualquier diálogo aparentemente inofensivo en tercer grado. Los hijos adolescentes pueden dar por seguro que esa mirada fija hará las veces de foco deslumbrante y llegará a encontrar el más escondido de sus pensamientos oscuros.

Hay otra posibilidad, y es casi tan aterradora como que una madre tenga vocación de espía incansable. Puede tener sed de venganza. Las madres cuentan de una época en la que sus hijos pequeños hacían preguntas sin fin, inasequibles al desaliento. Cuentan que llegaba un momento que ya no sabían que contestar, lo frustrante que resultaba. Y han tenido una docena de años para urdir un plan sin fisuras.

O puede ser el Karma. Montones de interrogaciones viajando en el tiempo para presentarse amontonadas, en forma de madre bombardera, justo cuando menos apetece dar explicaciones. Alguien, en su infinita sabiduría, podría querer hacer vivir a esos hijos adolescentes aquella frustración y agotamiento de no saber ya que contestar.

¿Alguien en la sala que quisiera volver a los tres años y quedarse mudo durante una temporada?




2 comentarios:

ESPERANZA GIRALDEZ PORTO dijo...

A las madres aveces no nos hace falta hacer preguntas,lo sabemos todo pero nos gusta que nos lo conteis,y nos pidais ayuda o simplemente compartir
Pero no somos capaces de escuchar y no aconsejar o no preocuparnos cuando sabemos que se equivocan.......entonces mejor no saber

Catalina Villar dijo...

Pero seguiremos preguntando, ¿a que si?
Gracias por comentar!!